Devocional Septiembre 3, 2026


Las manos que sanan las heridas

Lectura:
Isaias 53:4-5 (RV1960)
4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.
5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.
Devocional:
Cuando Jesús apareció a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos, no apareció con manos nuevas, sin marcar y perfecto. Les mostró las heridas. Esta es una de las realidades más profundas y humillantes de la fe cristiana. El Hijo de Dios resucitado, glorificado y victorioso todavía lleva las marcas de lo que soportó por nosotros. Podría haber sido restaurado sin un rastro de lo que sucedió. En cambio, esas heridas permanecen, y permanecen como testimonio. Hablan de un amor que no se retiró cuando se volvió costoso. Hablan de un compromiso que se mantuvo incluso cuando se clavaron los clavos. Cuando te sientas olvidado, cuando tu dolor parezca invisible para los que te rodean, recuerda que el que intercede por ti ante el Padre lo hace con las manos heridas. Él sabe lo que cuesta el sufrimiento. Él no ha olvidado.

Reflexión: 
Pasa tiempo hoy en una oración sincera. No presentes a Dios una versión pulida de ti mismo. Trae tus heridas, tus dudas y tu dolor no resuelto. Permite que la imagen de Jesús mostrando sus manos a sus discípulos te recuerde que la honestidad ante Dios no es debilidad. Es el comienzo de la sanidad.
Oración:
Señor Jesús, gracias porque intercedes por nosotros con manos heridas que hablan de un amor que nunca se retiró. Cuando nos sintamos olvidados, recuérdanos que tú no has olvidado nuestro dolor. Gracias por un amor que se mantuvo fiel hasta el final. En tu nombre, Amén.

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